¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

la gran crisis de europa

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Un grupo de refugiados sirios llega a la isla griega de Lesbos. ACNUR/A.McConnell

Europa se construyó dos veces. Eso quiere decir que ya una vez fue destruida.

La primera vez, Europa se llamaba Roma, aunque al principio se llamaba Grecia. Fue un sistema de ciudades que se construyó firmemente sobre la base de la búsqueda del saber. Eso quiere decir que ya entonces los hombres luchaban arduamente contra las supersticiones.

Romper el hechizo… Alejandro Magno, cortando con su espada el nudo gordiano. – ¡Aristóteles se equivocaba! – cuentan que gritó en la India, al ver el gran río fluir hacia el sur… No dar nada por sabido, atreverse a conocer por medio de la experiencia.

Y Julio César, cortando con su ingenio los cabos que aparejaban las velas de los barcos Vénetos, sus enemigos hasta entonces invencibles e inconquistables en el mar… Aquellos marineros, los últimos celtas por conquistar en el continente galo, cayeron ante la inteligencia de un general romano.

En aquella Europa, que gravitaba alrededor del Mediterráneo, la hospitalidad era un deber sagrado. Recordad a los gorrones en la casa de Ulises… ¡Cómo abusaron de la hospitalidad de Penélope! ¡Cómo fueron castigados por los dioses cuando llegó la hora! Y recordad las palabras de aquel griego llamado Jesús de Nazaret: -Lo que hagáis a éste, también me lo hacéis a mi-

La segunda vez, Europa tuvo que renacer de sus cenizas, y lo hizo más al norte. Tras la Peste Negra, se fue consolidando un nuevo sistema de ciudades, que se construyó asimismo sobre la base de un saber ahora más profundo, más experimentado.

Hay una línea que lleva del Rey Alfonso X el Sabio, a Copérnico, Galileo, Newton… Las matemáticas, que en la antigüedad eran el puente que unía los cielos y la tierra, lo divino y lo humano, ahora se convirtieron ellas mismas en la mejor representación de ambos mundos… La hoguera de la ciencia se fue abriendo paso, poco a poco, entre los antiguos dioses, costumbres, autoridades… Y las nuevas ciudades norteñas se hicieron con el control.

Los pensamientos de los sabios, rendidos a la matemática, se convirtieron en ideales, y las nuevas naciones surgieron, cada una de ellas a imagen y semejanza de Roma, el imperio perdido. Guerra, guerra y más guerra. La guerra exterior fortaleciendo a las instituciones interiores.

Y entonces el mundo entero se convirtió en Europa. Todo él, a mayor gloria de la Nación. Ya no hay nómadas, ya no hay indios, ya no hay imperios, ya no hay exploradores… Sólo hay naciones y fronteras, máquinas, comercio y guerras…

(…)

Pero algo está cambiando. Todo está cambiando. Crisis.

Internet. Un nuevo humanismo se impone, poco a poco. Las naciones hacen agua, y se resisten a morir. Europa está herida de muerte. El mundo de las naciones está herido de muerte.

Refugiados, ¿dónde están los dioses que nos obligaban a ser hospitalarios? (Europa, mereces morir: no así tu gente, nadie lo merece)

Terrorismo internacional, ¿para qué sirven ahora las fronteras?

Si todos vemos la misma serie de TV, si somos del mismo equipo de fútbol, ¿quién necesita un imperio cuando ya no quedan bárbaros?

Europa, ¿cuándo volverás a nacer?

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Esta entrada fue publicada en 30 de marzo de 2016 por en ah qué raro y etiquetada con , , , , .
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