¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

las estaciones del año según Plinio el Viejo

Llevo un tiempo buscando información sobre las estaciones del año en la antigüedad clásica y, gracias a la amabilidad del doctor Pere Planesas, del Observatorio Astronómico Nacional, por fin he dado con la pista. Se trata de la obra magna de Gaius Plinius Segundus (conocido como Plinio el Viejo) llamada Naturalis Historia, y que está considerada como la primera enciclopedia de la historia.

En esta obra, dividida en 37 libros, Plinio pretendía hacer un compendio de todo el saber científico y técnico de su tiempo, entre el que se encontraba el conocimiento de la agricultura, a la que dedica varios libros. Para las referencias que daré a continuación he buscado en la traducción al español del licenciado Gerónimo de Huerta (“Médico y Familiar del Santo Oficio de la Inquisición”, según reza en la portada del libro), fechada en el año 1624, que se encuentra en la web pues ha sido digitalizada por Google.

Comoquiera que en esta traducción hay una cierta confusión entre la primavera y el verano, he buscado asimismo en los originales en latín, que también están en internet pues son de dominio público. Resulta que el traductor emplea indistintamente las palabras primavera y verano para referirse a la misma estación, mientras que para nuestro verano actual emplea la palabra estío. La confusión se aclara cuando empleamos las palabras latinas.

Y estas son las cuatro estaciones, según la ciencia de Plinio el Viejo, lo que equivale a decir la del Imperio Romano en la época de Jesucristo:

  • Ver, nuestra primavera, aunque en la época de la traducción se le llamaba indistintamente verano. La palabra primavera hace referencia a un “primer verano”, la época de las flores, que se distingue de la posterior época de los frutos. Plinio relaciona ambos pues considera que tanto la flor como el fruto son germinación.

“El orden cada año de natraleza en las plantas, es de esta manera. Primero es concebir cuando comienza a soplar el viento Favonio, que es cerca del día octavo de febrero, porque con este viento se casan las cosas de la tierra, con el cual también conciben las yeguas en España, como dijimos. Este es el espíritu engendrador del mundo, llamado Favonio, o sonendo como entendieron algunos. Sopla del poniente Equinocial dando principio a la primavera. Los rústicos lo llaman catulicion, deseando naturaleza recibir semillas y con ellas dar alma a todas las plantas, conciben en diferentes días y cada una según su naturaleza (…)”

Historia Naturalis, Libro XVI, Capítulo XXV de la traducción

“Naturalis Historia”, Libro XVI, Capítulo XXV de la traducción

  • Aestas, que ha derivado en estío. Vendría a ser lo que entendemos actualmente por verano.
  • Autumnus, palabra de la que proviene nuestro otoño.

“De la división de los tiempos se sigue el Otoño, que empieza desde el Ocaso de la lira, al Equinocio, y después al Ocaso de las vergilias, y al principio del Invierno(…)”

Historia Naturalis, Libro XVIII, Capítulo XXXI de la traducción.

“Naturalis Historia”, Libro XVIII, Capítulo XXXI de la traducción.

  • Hiem, que vendría a ser nuestro invierno.

 

el comienzo de las estaciones

 

Así pues, vemos que nuestras actuales cuatro estaciones derivan directamente de las latinas ver, aestas, atumnus e hiem. Sin embargo hay una importante diferencia en las fechas de su comienzo y final: los romanos del siglo I hacían coincidir los equinoccios y los solsticios en el centro de cada estación, mientras que ahora el convenio lleva a los astrónomos a retrasar las estaciones mes y medio (como explicábamos en esta otra entrada). Esta es la cita:

“El límite de los tiempos consiste en la división repartida en cuatro partes del año por el aumento de la luz. Auméntase esta desde la bruma, e iguálase con las noches en el Equinocio del verano (1), en noventa días y tres horas. Desde allí va sobrepujando a las noches hasta el Solsticio en 93 días y doce horas. En otros tantos vuelve al Equinocio del Otoño, y luego igualado el día va desde allí hasta la bruma (2) en ochenta y nueve días y tres horas. Aquí en todos estos accesos entendemos horas equinociales, y no de cualquier día: y todas estas diferencias se hacen en las octavas partes de los signos. La bruma en Capricornio casi a veinte y cinco de Diciembre. El Equinocio del verano en Aries: el Solsticio en Cancro, y el otro Equinocio en Libra: los cuales días raras veces dejan de tener algunas significaciones de tempestades. Divídense también estos cárdines, o términos con particulares intervalos de tiempos, todos por los medios espacios de los días, porque entre el Solsticio (3), y el Equinocio del Otoño (4), el Ocaso de la sidícula empieza el Otoño a cuarenta y cinco días, y desde aquel Equinocio hasta la bruma, el Ocaso matutino de las vergilias (5) da principio al invierno a cuarenta y tres días. Entre la bruma y el Equinocio, a cuarenta y cinco días empieza el viento Favonio el tiempo del verano (6). Desde el Equinocio del Verano, el nacimiento matutino de las vergilias es principio del Estío a cuarenta y ocho días.”

"Naturalis Historia", Libro XVIII, Capítulo XXV de la traducción.

“Naturalis Historia”, Libro XVIII, Capítulo XXV de la traducción.

Para interpretar correctamente la traducción hay que tener en cuenta las siguientes notas:

  • (1) Equinocio del verano, verno aequinoctio, se trata del equinoccio de primavera.
  • (2) Bruma, bruma en latín, preciosa palabra que indica el solsticio de invierno.
  • (3) Solsticio, solstitium en latín, se trata de nuestro solsticio de verano.
  • (4) Equinocio de Otoño, aequinoctium autumni, se interpreta literalmente.
  • (5) Ocaso matutino de las vergilias, vergiliarum matutinus ocasus, hace referencia al cúmulo de Las Pléyades, en la constelación de Tauro. Hay que tener en cuenta que los acontecimientos del cielo hace 2000 años no se siguen hoy en las mismas fechas, debido al movimiento llamado precesión de los equinoccios.
  • (6) El tiempo del verano, vernun tempus, sería nuestra primavera, que finaliza cuando comienza el Estío, initium aestatis, cuarenta y ocho días después del equinoccio.

Otra consideración a tener en cuenta es que en la época de Plinio el Viejo ya se empleaba en Roma el llamado Calendario Juliano, precursor solar de nuestro Calendario Gergoriano, y en el cual el solsticio de invierno caía el 25 de diciembre. Los desajustes de este calendario llevaron a que esta efemérides se fuese adelantando, de forma que en la época del Concilio de Nicea, cuando se fijo la fecha de la Pascua cristiana, la “bruma” caía el 21. Esta fecha se fijaría definitivamente con el nuevo Calendario Gregoriano, que es el que empleamos en la actualidad, y que se estableció para corregir las faltas de precisión del anterior.

Siendo así, y teniendo en cuenta que la duración de los meses ha sufrido también algunos cambios, el viento Favonio comenzaría a soplar el día 3 de febrero, día de San Blas, dando comienzo a la primavera. El verano comenzaría la primera semana de mayo (¿el día de la madre? ¿la fiesta de los mayos?); para el invierno, siendo aproximados, nos podemos reservar la noche de difuntos (¿acaso alguien puede ponerlo en duda? ¡¡winter is coming!!). Y el otoño, lamento deciros, empezó ayer mismo, día 5 de agosto, coincidiendo con la festividad “metereológica” de la Virgen de las Nieves.

Todas estas fechas son aproximadas, no coinciden exactamente (aunque se aproximen mucho) con las marcadas por Plinio (salvo la de comienzo de la Primavera), pero las he elegido así porque me parecen más significativas, dadas las festividades que se celebran en cada una (todas de tradición muy antigua, en las que da la impresión de que el símbolo cristiano está “maquillando” una tradición más ancestral).

 

los celtas y Plinio el Viejo

 

Cuenta la historia que Plinio el Viejo pasó una parte de su vida en Hispania, concretamente en las provincias de Gallaecia y Asturias (¡ah, Plinio, viejo zorro!), donde estudió el arte de la agricultura. Quizás en estas tierras que antaño fueron celtas tomó contacto con la manera celta de medir el tiempo, en la cual los festivales que daban inicio a las estaciones se encontraban a medio camino entre los solsticios y los equinoccios. Pero esto sólo es una suposición mía.

 

REFERENCIAS

 

“Historia Natural” de Plinio el Viejo, traducción de Gerónimo Huerta: Tomo 1, Tomo 2

“Naturalis Historia” en latín, en WIKISOURCE

Entrada dedicada al Calendario de Coligny, en WIKIPEDIA. Calendario lunisolar de origen céltico-romano.

Blog CALENDARIO, fantástico lugar en español en donde encontrar todo lo referente a la medida del tiempo (de Jose Antonio Casares González).

 

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Esta entrada fue publicada en 7 de agosto de 2015 por en ah qué raro y etiquetada con , , , , , , , .
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