¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

Europa se puede ir a la mierda

Hace años estuve en Grecia. Fue un viaje maravilloso, con mis padres y unos amigos, en velero por las islas Cyclades. Salimos de Atenas hacia Poros, y después la árida Hydra, con su pequeño puerto que es un milagro de vida, escondido en un pliegue de aquel peñasco extraño y perdido en el medio del mar… Luego Sifnos y Serifos, más roca, más playas y más alegría en cada puerto. Sorprende la vitalidad y la frescura de aquella gente, en un entorno tan vivo y seco a la vez.

Después bajamos hacia Íos, isla en la que encontramos un pequeño paraíso. Mi hermano Pablo y yo alquilamos unas motos para recorrer la isla por la tarde. Salimos del pueblo por carreteras que pronto se convirtieron en pistas de tierra, en dirección sur, y al llegar al extremo de la isla nos encontramos con una bahía de arena blanca, con forma de media luna, a la que sólo se llegaba por mar y por ese camino de tierra, y en la que había un pequeño chiringuito de madera. De vuelta al barco se lo contamos a todos, y planeamos pasar el día siguiente en aquella playa.

Nos despertamos temprano, salimos en barco y pronto llegamos al fondeadero. Fue un día mágico: muy poquita gente, una playa extensa y maravillosa bajo un sol radiante. Tan sólo un par de yates fondeados. En toda la mañana no vimos a nadie llegar por tierra. Jugamos, nadamos, tomamos el sol y descansamos como nunca, en un lugar que parecía creado para disfrutar con los cinco sentidos. Todos los que estábamos aquel día en aquella playa parecíamos indolentes, niños despreocupados que disfrutan del mar, sin más.

Al caer la tarde zarpamos hacia el sur, e hicimos la travesía más maravillosa que puedo recordar, rumbo a Santorini. Con un viento de través, a vela, jugando con el mar, felices. Al poco de salir se acerco al velero una familia de delfines y se pusieron a jugar con la proa. Pasaban por debajo de ella, de lado a lado del barco, y saltaban después en el aire como burlándose de nosotros. Fueron momentos de euforia, nos mirábamos sin poder reprimir las carcajadas. Y llegamos a Thyra justo en el momento de la puesta de sol. Entramos en el cráter, un anfiteatro marino de acantilados entre dos medias lunas, y mientras maniobrábamos para arriar las velas sentimos que miles de flashes nos apuntaban desde tierra. En aquel momento se estaba poniendo el sol justo detrás de nosotros, y cientos de personas se apostaban en aquel acantilado para retratar la escena, de la que éramos partícipes involuntarios.

Aquella noche subimos a cenar al pueblo. Había que subir en burro, pues estaba en lo alto del cantil. El cráter de Thyra es muy escarpado por el interior, mientras que hacia afuera del círculo se tiende suavemente, y los pueblos se sitúan justo en la arista, dominando una vista que si ya es hermosa de día, por la noche, sobre aquel mar y bajo aquellas estrellas, parece un paisaje extraterrestre sacado de Star Wars.

Al día sigiente comencé a encontrarme mal, no sé si me picó algún bicho, si fue culpa del burro o si ya lo llevaba dentro de antes, pero caí enfermo. Estuve dos días con fiebre y con asma dentro de mi camarote, y al tercero ya no pude más y pedí que me llevasen a un médico. No recuerdo en que isla estábamos ya, pero era una isla pequeña. Bajamos a puerto y llamamos a un practicante. Me debió de ver muy mal, pues decidió enviarme directamente a un centro de salud. Allí nos fuimos en taxi, y un médico me puso una inyección de corticoides para prevenir un shock anafiláctico. Tardé cinco minutos en curarme, y hasta hoy.

Hoy que me entero que en Grecia están tan mal que han decidido cerrar los centros de salud de aquellas pequeñas islas. La gente que sufra una urgencia médica tendrá que coger un ferry, de cuatro o cinco horas de trayecto, más las esperas, para llegar a Atenas y seguir esperando allí para ser atendido. Y pienso en la Europa, tajante, exigiendo el pago de una deuda de la que aquellos pescadores no saben nada. Europa, y esto no es un insulto sino tan sólo una advertencia, Europa se puede ir a la mierda.

La Unión Europea ha de tomar una decisión, y esos centros de salud son un símbolo. Ha de elegir entre ser un club de ricos o bien ser esa parte del mundo en donde se puede vivir tranquilo. Es muy simple, pero es la decisión política más transcendental en la corta vida de la UE. Y si elige mal, desaparece.

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Esta entrada fue publicada en 2 de febrero de 2015 por en sentimientos y etiquetada con , .
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