¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

el límite de la libertad de expresión

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Ya hace una semana que sucedió la cruel matanza de los dibujantes de Charlie Hebdo, el semanario satírico francés, a manos de yihadistas estúpidos, asesinos, profundamente inmorales. Y en estos días hemos escuchado muchas tonterías.

Gente con escrúpulos religiosos afean a los caricaturistas sus dibujos satíricos contra las religiones, a la par que condenan el atentado. Jefes de estado que encarcelan y asesinan a periodistas acuden a la manifestación multitudinaria de París. Y políticos que ante la barbarie proponen recortar libertades (¿no decían los asesinados que preferían morir de pie que vivir de rodillas?), exponer la privacidad de millones de personas (¿qué teneis que ocultar, pervertidos?), levantar fornteras más duras (¿no son internacionales las caricaturas?)…

Yo sólo quiero decir una cosa: se están equivocando, porque el único límite a la libertad de expresión no es el insulto, es la mentira.

Mentira la de los fanáticos religiosos: esos mentirosos compulsivos que cada domingo, o cada día, subidos al púlpito o al minarete, claman sus mentiras sin que nadie les detenga. Creo que saben perfectamente que mienten, nos engañanan, y que su posición de poder se basa precisamente en ese engaño masivo que la sociedad les concede día tras día, año tras año, siglo tras siglo…

Mentira constante la de los partidos políticos y sus representantes en la prensa, por sus verdades a medias, sus subvenciones, sus interpretaciones torcidas y sesgadas, sus periodistas a sueldo en las tertulias, correas de transmisión y cómplices de sus engaños masivos. A estos, ¿quién les para los pies?

Cortesía del gran dibujante Pedro Espinosa

 

Si a un yihadista estúpido yo le llamo asesino, o imbécil, son dos insultos muy graves, pero son verdad. Si le llamo vengador sagrado, o mártir de la religión, estoy mintiendo como un bellaco. Como un hijo de puta. El límite, por tanto, no es el insulto: es la mentira.

Y contra esto, ¿qué tenemos? ¿Qué podemos hacer, de qué armas disponemos? Una de ellas es la ficción, el arte, la simulación. La realidad imaginada. Es decir: el pensamiento. Un dibujante no pretende engañar a nadie, porque todo el mundo sabe que un dibujo es, por definición, una interpretación de la realidad. En un dibujo no cabe sorprenderse porque la realidad sea modificada, interpretada, alterada… Es por esto que los dibujos muchas veces se entienden mejor que las imágenes, que los científicos de la naturaleza describen tan bien con dibujos. El dibujo es pensamiento puro. Es por esto que los dibujos son inocentes, al contrario que los mentirosos.

Nunca podrán parar a los caricaturistas, de la misma manera que nunca se puede vencer a los poetas: ellos pasan a la posteridad. Por muchos que maten, ya han perdido de antemano. Porque el pensamiento es libre.

¡Basta ya de soportar a los mentirosos!

jesuischarlie

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Esta entrada fue publicada en 15 de enero de 2015 por en absolute begginners y etiquetada con , .
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