¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

la batalla del siglo XXI

Todo está cambiando. Tras las tormentas financieras del verano, podemos ver cómo los líderes políticos se disuelven en la nada. Los ciudadanos, hartos, han pasado a la acción, pero tras el efecto de su primer golpe de mano parecen desconcertados. Crisis, honda y oscura, parece no acabar nunca. En el fondo, hay cosas que no cambian: hombres caminando sobre las cabezas de otros hombres. Siempre ha sido así, siempre será así.

Pero, ¿qué está pasando?

Dicen que el siglo XXI empezó hace veinte años, con un gran atentado terrorista que cambió el mundo. O al menos, la percepción que teníamos del mundo… Porque aquello fue puro teatro. Sangriento, terrible, inmoral, pero teatro.

¿Qué está pasando?


El mundo se ha hecho pequeño. El mundo es una sola cosa. De niños estudiábamos geografía e historia, dos disciplinas que nos permitían soñar con países exóticos, con culturas diferentes a la nuestra, con viajes que cambiarían nuestra vida… Hoy viajar sólo es moverse, cambiar de sitio.

Me di cuenta por primera vez de este cambio hace justo veinte años, cuando aquel terrorista-pantocrátor, disfrazado de pastorzuco con metralleta, se hacía pasar por un iluminado delante de TODO el MUNDO. Era la primera vez que Bin-Laden aparecía en televisión. Un tipo que presuntamente había planeado el atentado más eficaz, retransmitido en directo por los informativos de Europa y USA, a pesar de las diferencias de horario… Un tipo que coordinó a varias decenas de personas en muchos países diferentes, cronometrando horarios de aviones, de telediarios, tenido en cuenta los fallos de los sistemas de seguridad aéreos, los agujeros de los sistemas de inmigración internacionales… Va y se disfraza de pastor de ovejas, de “viejo de la montaña” al mando de su cuadrilla de “hassissins”. ¡Pero si ese tío ha tenido que estudiar un MBA en Harvard! En ese momento me di cuenta de que los musulmanes veían la misma tele que yo, leían los mismos libros y miraban los mismos cómics. Y también de que alguien, aún no sé quien, pretendía explotar una brecha hecha de prejuicios y falta de comunicación, la que existía entre el mundo musulmán y el occidental.

Miedo, incomprensión, racismo: así era el mundo de las naciones. Afortunadamente, se está disolviendo ante nuestros ojos.


La segunda vez fue varios años más tarde, y sirvió de confirmación absoluta de la primera. China, ceremonia inaugural de las olimpiadas. El presidente del país-continente, cuya cultura milenaria es la más ancestral de las que hoy campan por el mundo, se presenta ante éste vestido de traje, americana con corbata, y hace su discurso en un impecable inglés. Se acabó lo que se daba: sólo hay un mundo, sólo una cultura.

Pero en estos veinte años han pasado muchas más cosas. La más llamativa, quizás, tiene que ver con el auge imparable de la red de redes. Internet ha transformado la manera que tenemos de comunicarnos, provocando una gravísima crisis en los medios de comunicación tradicionales de todo el mundo. Las redes sociales ya tienen más audiencia que el fútbol.


Por otra parte, movimientos raros. Recuerdo aquel Premio Nobel de Al Gore. Grandes intereses en buscar una forma de gobernar el mundo, aunque sea a través del miedo a lo desconocido. Instituciones internacionales que buscan la manera de hacerse más fuertes (así entiendo yo toda esta historia del cambio climático). Se buscaba reforzar la “gobernanza” del mundo.

Y es que un verdadero gobierno mundial no debe ser tan interesante, ¡pues resulta es tan fácil controlar los gobiernos de las naciones!

Porque en cuanto uno deja de confiar en los medios de comunicación, lo primero que salta a la vista es la corrupción generalizada. La reacción de los medios en cuanto aparece un Wikileaks, o un Blog del Narco, alguien, a fin de cuentas, que consigue ponerlos en evidencia… ¿Y es que alguien duda ya hoy que hay poderes muy superiores a los estados? Las estructuras de poder convergen, y las víctimas son los ciudadanos. Nos despluman, nos engañan, y se ríen de nosotros.

Hasta hace poco, vivíamos confiados. En esta parte del mundo, nos veíamos superiores. No nos ha importado ni lo más mínimo que nuestros vecinos del sur viviesen en ausencia de libertad, y en una miseria casi absoluta. Es su problema, pensábamos desde nuestra lógica nacionalista, que hubiesen elegido mejor a sus gobernantes… En realidad, se los habíamos elegido nosotros, pero eso tampoco lo sabíamos. O mejor dicho, no nos queríamos enterar. Hoy nos damos cuenta, tarde ya, de que el gobierno se nos ha escapado de las manos, y vivimos temerosos de caer en esa espiral de pobreza que permitimos creciera a nuestro alrededor…

Zapatero, Rajoy, Sarkozy, Berlusconi, Gadafi, Mubarak, Obama (sí, el que ordenó asesinar a Bin Laden a sangre fría…), Merkel, Durao Barroso… Nada, aire, vacío. Nada. Son irrelevantes. Los mercados, ya sea por la acción de unas pocas voluntades, como creen unos, ya por la inexorable e impredecible lógica de un sistema caótico y complejo, como piensan otros, se han hecho los dueños de la política.


Es urgente cambiar de escala. A riesgo de no entender nada, de no controlar nada, en caso de que no lo hagamos.

Hoy, nada se entiende sin internet. La propia crisis internacional sería imposible sin la inmediatez de las comunicaciones. Y es que hoy en día la humanidad tiene la mejor herramienta de comunicación que ha existido nunca desde la invención del lenguaje articulado. Y está cambiando el mundo delante de nuestras propias narices, a una velocidad nunca antes conocida. La humanidad se ha dotado a si misma de una nueva especie de “sistema nervioso”, donde las redes sociales funcionan como una posible “conciencia colectiva” (todo entre comillas, no se me vaya a enfadar algún purista).


Y es que no todo son malas noticias. La Primavera Árabe (“Racord, I am an Arab”), la creciente ola de movimientos ciudadanos en Europa, Sudamérica y ahora también USA, el auge del nivel de vida en los países emergentes… Y, para mi modo de ver la más importante, la decadencia del nacionalismo como sistema de gobierno. Todas ellas consecuencias directas de los cambios que han unificado el mundo.

Porque las naciones tienen que desaparecer, porque ya no son útiles para los ciudadanos. Ya no sirven para mantener a raya a las tiranías.
La nueva conciencia mundial está despertando. El lugar ya no es importante, lo que supone hoy una esperanza para mucha gente. Para la mayoría de la gente. Y es que el mundo de las naciones era muy malo para la mayoría de la gente.

Pero no tenemos muchas oportunidades. El poder al que nos enfrentamos es demasiado grande. Por eso tenemos que cambiar de escala: sólo la unión de los ciudadanos podrá devolvernos la tranquilidad que emana del buen gobierno. No importa que creamos o no en la política, porque sólo si nos organizamos podremos hacer frente a la situación. Afortunadamente, hoy tenemos los medios para hacerlo. Twitter es uno de ellos, quizás el más importante. Facebook, los blogs, los SMS, también.

Siglo XXI. La batalla por el control del planeta ha comenzado. Los nuevos tiranos son demasiado fuertes, por eso les tememos. Pero nosotros somos demasiado numerosos, por eso nos temen.

Señores, estamos en guerra.

Imágenes

La caricatura de Bin Laden es de Eduardo Merino, el resto son imágenes libres de derechos de autor o bien fotografías de prensa.

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Esta entrada fue publicada en 19 de septiembre de 2011 por en Uncategorized y etiquetada con , , , .
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