¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

la balada del capitán Kidd y el armador del Alakrana

Dicen los que saben, es decir, los tertulianos, que esto de la piratería es algo muy nuevo, y que por eso tiene tan difícil arreglo. Bueno, pues si ellos lo dicen…

Recuerdo que hace años un matrimonio vasco se hizo a la mar con sus dos hijos, de dos y cinco años, para dar la vuelta al mundo. A su retorno, muchos años después, uno de los hijos escribió un libro sobre el viaje y por un tiempo se dedicó a dar conferencias. Leí una entrevista que le hicieron en la prensa, y me llamó la atención cuando hablaba de un ataque de piratas que se acercaron a su barco, y de cómo ellos se tuvieron que defender. Salían a cubierta por turnos, con las pocas armas que tenían, pero vestidos con distintas ropas. Así parecía que en el barco iba mucha gente armada. El truco funcionó, y los piratas se fueron sin completar el ataque.

Esto sucedió en una zona muy peligrosa, según el protagonista, en el Océano Índico entre la India y la isla de Sri Lanka. Este pequeño detalle me llamó mucho la atención, porque en aquel momento estaba leyendo “El Libro de las Maravillas”, de Marco Polo, en el que se cuenta que a su regreso por mar, allá por el año mil trescientos, su barco fue atacado por piratas en esa misma zona.

La pregunta es la siguiente: ¿Y si la piratería fuese un negocio muy antiguo? ¿Y si los mares frecuentados por piratas fuesen siempre los mismos? Y así, con estas cuestiones en la cabeza, me puse a buscar…

Y me encontré con el capitán Kidd, en las Historias de Piratas de Daniel Defoe:

“No parece que en todo este tiempo tuviese el menor propósito de hacerse pirata; pues cerca de Mohilla y de Johanna se encontró con varios barcos de las Indias ricamente cargados, a los que no opuso la menor violencia, aunque rea lo bastante fuerte como para haber hecho con ellos lo que hubiese querido. Y la primera tropelía o depredación, que yo sepa, que cometió contra la humanidad fue después de reparar su barco, y abandonar Mabee, en el mar Rojo, donde cogió por la fuerza maíz de Guinea de los nativos.

Después de esto zarpó para Bab´s Key, plaza de una pequeña isla situada en la entrada del mar Rojo; aquí fue donde por primera vez comenzó a franquearse con la compañía de su barco y a darles a entender que se proponía cambiar las normas (…) -Hasta ahora no hemos tenido suerte, muchachos; pero ánimo, esta flota será nuestra fortuna…”

A partir de aquí se dedicó a la piratería por el Índico, desde Madagascar al cuerno de África, y desde la costa Malabar, al oeste de la India, hasta las islas Seichelles. Tantas fueron sus tropelías que el rey de Inglaterra publicó una proclama en la que ofrecía el libre perdón a todos los piratas que se entregasen voluntariamente, con la excepción de Avery y del propio Kidd. Éste, al parecer sin estar entrado de esta salvedad, se fue entregar a la ciudad de Nueva York, no sin antes haber enterrado su tesoro en una isla cercana. Allí fue apresado y llevado a Londres para su juicio, y posterior ejecución:

“Por consiguiente, una semana después, el capitán Kidd, Nichols Churchill, James How, Gabriel Loff, Hugh Parrot, Abel owen y Darby Mullins fueron ejecutados en el muelle de ejecuciones, y después colgados en cadenas, a cierta distancia unos de otros, sobre el río, donde sus cuerpos permanecieron expuestos durante muchos años.”

Cuentan que los piratas sólo temen a una cosa, a un barco de guerra. La imagen que se ve arriba es el Océano Pacífico visto desde el Google Earth. Creo sinceramente que España no tiene capacidad para garantizar la seguridad de sus barcos en todos los mares de la Tierra ¿Tú que opinas? Si adoquinásemos el Pacífico con fragatas, siempre quedaría el Índico, que de grande es otro tanto… Si tuviésemos que fletar un barco de guerra por cada pesquero, se acabó la pesca.

Ahora me gustaría que pensases por un momento en una figura real, el armador del atunero Alakrana. Este señor es el dueño del barco, el que decide dónde hay que ir a pescar. Antes se llevaban la mitad del pescado, y el resto a repartir, pero ignoro cómo se hará el reparto ahora. No debe andar muy lejos.

Este señor está sentado en su casa, y sabe que en Somalia hay piratas. También lo saben el patrón y los marineros, pero no es lo mismo.

Si van hasta allí es porque el caladero es muy rentable, de eso no hay duda. Pero, ¿qué pasa si son atacados por piratas? Entonces los armadores exigen que el gobierno los proteja con barcos de guerra, que negocie con los piratas, que pague el rescate y que le devuelvan el barco y los tripulantes sanos y salvos. Que incumpla sus propias leyes si hace falta. Y a correr, a volver otra vez a por atunes.

Y el gobierno no sabe qué hacer. Haga lo que haga malo, porque lo único que le importa es salir bien en la prensa, y eso ya lo tiene muy crudo. Las familias, lógicamente, exigen que vuelvan los suyos. Pero alguien debería pensar que, quizás, la soldada con la que se está pagando a los secuestradores del Alakrana se cobró con el rescate del Playa de Bakio.

¿Repetimos?

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4 comentarios el “la balada del capitán Kidd y el armador del Alakrana

  1. César
    16 de noviembre de 2009

    Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

  2. moncho
    17 de noviembre de 2009

    Con permiso 😉

  3. César
    17 de noviembre de 2009

    Of course

  4. jose antonio
    20 de noviembre de 2009

    Así son las cosas …Siempre ganan los mismos … o parecidos!Como los dineros son de nuestros impuestos, creo que en el fondo les importa un carajo!Saludos Moncho!

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Esta entrada fue publicada en 14 de noviembre de 2009 por en Sin categoría y etiquetada con , , .
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