¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

país de putas

Hace ya varios años que no veo la televisión con asiduidad, desde que decidí no tener semejante aparato dentro de mi casa. Por aquel entonces estaba yo enganchado a un programa nocturno de máxima audiencia, que me hacía pasar el rato de insomnio de todas las noches,¡y aún me quedaba tiempo para ver la teletienda…! No fue una buena época, pero el programa en cuestión me tenía atrapado.

Hasta aquel día, en el que se me cayó el velo de delante de los ojos y me dí cuenta de lo que estaba pasando. No me caí del caballo, exactamente no fue así; simplemente vi en la tele a un vecino mío.

El Perchas no era un tipo normal, estaba enfermo. Aún así no hacía mal a nadie, sólo iba vestido de una forma un tanto peculiar, entre elegante y amanerado, y andaba con esos aires de chulo que imponían respeto. Siempre fue muy educado con todo el mundo. Yo sabía algo de su vida, que había sido muy normal hasta que la locura irrumpió en ella. Y a pesar de todo, de su aspecto y de sus andares, el tipo me caía bien. Era todo un personaje, y como ya he dicho nunca se metía con nadie.

Pero la tele lo encontró, y entonces yo me quedé horrorizado. Horrorizado de que lo tratasen así, de que en ese programa que veía todos los días se metiesen con un pobre enfermo, engañándolo con el único objetivo de que la audiencia se riese de él. Yo mismo me había estado riendo durante muchos meses de gente que no eran más que enfermos mentales. Pensé en su familia… Y la televisión se me apareció de repente como lo que realmente es: una grandísima excrecencia que nosotros metemos voluntariamente en lo más íntimo de nuestros hogares. Nunca más, me dije, y hasta hoy.

No me fue fácil dejarlo, porque era un adicto. Entraba en casa de mis padres, o de mis suegros, y en cuanto podía agarraba el mando y empezaba a hacer zapping. La vida cambió mucho: más tiempo para hablar, para leer, para pensar, para escribir… Pero lo más sorprendente de todo es comprobar, según va pasando el tiempo, cómo la televisión influye en el conjunto de la gente que te rodea. Las modas, ya no las entiendes. Esos zapatos horrorosos que ahora lleva todo el mundo. El estilo de los trajes. Ese personaje de no sé qué serie, esa frase tan tonta y tan pegadiza. Te vuelves un outsider, y tu espírtu crítico renace de la tumba en la que había pasado los últimos años de tu vida, esos en los que no pasaban diez minutos desde que entrabas en casa hasta que estabas tirado en el sofá viendo lo que fuese que echasen por la caja tonta.

Escribo esta entrada a cuenta de la corrupción, aunque hasta ahora no lo parezca. El país, España, ha cambiado mucho en estos últimos años. A veces te das cuenta de cómo cambian los sitios cuando vuelves a ellos, años más tarde, y te fijas en los detalles. Lo que antes era cotidiano ya no está, y en su lugar ha aparecido algo nuevo.

Por ejemplo: en aquel entonces, cuando vi al Perchas en la tele, yo vivía en Barcelona e iba en metro a la universidad. Cuando el tren se acercaba a una estación, se escuchaba una voz que anunciaba su nombre en tres idiomas, por este orden: catalán, inglés y español. Hace poco volví a esa preciosa ciudad por un asunto privado y un poco triste, y de nuevo me subí al metro. Esta vez la voz sonaba sólo en catalán.

Ahora viajo algo por motivos de trabajo. Vivo en La Coruña, y he de ir a Madrid un par de veces al mes. Intento volver en el día, pero no siempre es posible. Y así, sé lo que es pasar una noche en una habitación de hotel. Fría, vacía, ajena. Siempre enciendo la televisión, y veo cualquier cosa, hasta que me quedo dormido. Se ve que aún no estoy curado del todo.

La última vez me sorprendió el sueño, y desperté horas después con la tele encendida. Me quedé de piedra. Eran los minutos de la basura, aquellos en los que, en tiempos, te enchufaban la teletienda. Ahora sólo había anuncios de putas y juegos para ludópatas. Sms pornográficos, redes de contactos, lesbianas falsas y dos fulanas con uniforme escolar que simulaban ser menores de edad… País de putas, pensé, en esto nos hemos convertido. Hasta aquí abajo hemos caído.

Ahora, el patio mediático anda algo revuelto con el tema de la corrupción política. Los periodistas, líderes de opinión y tertulianos varios se hacen los sorprendidos del poco coste electoral que en general tienen estos casos. Como si la cosa no fuera con ellos, claman por una regeneración política. Eluden su responsabilidad.

Me sorprende mucho también otra cosa: sólo se considera corrupción cuando alguien roba dinero de la caja. No es corrupción, entonces, apropiarse de las instituciones, emplearlas como si fuesen de tu propiedad para hacer daño a tus enemigos. No es corrupción, tampoco, retorcer la información para arrimar siempre el ascua a tu sardina. Ni tampoco lo es arrimar la sardina al ascua de los poderosos para calentarse un poquito.

¿Por qué unos casos saltan a la luz en El País y otros en El Mundo? ¿A qué cabezera han de creer los ciudadanos, cuando bajo la misma foto aparecen titulares opuestos? Señores periodistas: si los medios de comunicación para los que trabajan no fuesen tan tendenciosos, quizás los casos de corrupción se habrían descubierto antes. Si no fuesen ustedes tan poco ecuánimes, quizás podríamos confiar en alguien. Si de verdad les interesase sólamente contar la verdad, quizás sería más difícil robar el dinero público en este ancho lupanar de las Españas.

No se vuelvan ahora transparentes, que no cuela.

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7 comentarios el “país de putas

  1. Mechu
    2 de noviembre de 2009

    ¡Hola! Aparte de que está genial tu post, quería escribirte por el comentario que dejaste en mi blog. Solo quería decirte que tenés aquí a una fiel lectora, me encanta lo que, y como, escribís, por eso la recomendación. Ya ves, alguien te lee. ¡Me alegra que te haya hecho tanta ilusión! Un abrazo.

  2. PEPETONI
    3 de noviembre de 2009

    Impresionante, lo has clavao hermano. Qué bien se tiene que ver todo esto desde ahí. Gracias por perderte toda esa mierda que nos meten antes por antena, ahora por cable.

  3. moncho
    3 de noviembre de 2009

    Gracias a los dos, me encantan los comentarios. La verdad es que la tele hace más ruido que información, lamentablemente. Gracias otra vez, Mechu. Saludos,

  4. Anonymous
    3 de noviembre de 2009

    Moncho, como siempre muy acertado… pero es que, además, qué gozada es leerte y te lo tenías guardadito para ti solo, cabrón…Como dicen las del blog de mi mujer: Mushus….Forgo.

  5. jose antonio
    6 de noviembre de 2009

    amén!Que bien lo cuentas!100% de acuerdo.saludos,

  6. en Kasku
    12 de noviembre de 2009

    Este comentario ha sido eliminado por el autor.

  7. en Kasku
    12 de noviembre de 2009

    La televisión. Moncho, yo también pasé por eso. Ahora sigo teniendo, pero he conseguido usarla sólo para poner DVDs (los que me interesan y me da la gana).Un post de cojones.Salut!

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Esta entrada fue publicada en 2 de noviembre de 2009 por en ah qué raro y etiquetada con , .
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