¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

guijarros en el mar


La luna no es realmente un satélite. El sistema solar tiene nueve planetas, que se dividen en dos grandes grupos separados por el cinturón de asteroides, el planeta que nunca llegó a ser. Este anillo de guijarros gigantes se encuentra entre Marte y Júpiter, y cuando caen a La Tierra en la noche del doce de agosto el cielo se convierte en una fiesta.

Los planetas exteriores, de Júpiter a Plutón, están hechos de gas, tienen anillos y satélites que orbitan a su alrededor. Los planetas interiores, de Marte a Mercurio, tienen el núcleo pesado, y no tienen satélites ni anillos. Marte y Júpiter han capturado en sus órbitas varios guijarros que una vez pertenecieron al cinturón de asteroides que los separa. Este es el origen de los satélites marcianos, tan pequeños y cercanos al planeta que parece que giran al revés, pues giran más rápido que Marte sobre sí mismo.

La Luna es una auténtica anomalía. Su tamaño es tan grande, en comparación a La Tierra, que los científicos hablan muy a menudo de un sistema planetario doble. Tierra y Luna como dos guijarros que van juntos en su viaje alrededor del Sol. Luna sería el mayor satélite del sistema solar, si lo relacionamos con el tamaño de su planeta. Su origen se desconoce.

El sistema solar es plano. Esto nos parece natural, porque es la única manera de dibujarlo en una hoja de papel, pero si lo piensas es bien raro. Una estrella, nueve o diez planetas y un sinnúmero de satélites, asteroides y demás guijarros, contenidos en un mismo plano. Girando en un mismo plano. Además, giran todos en el mismo sentido, unos alrededor de otros y ellos sobre sí mismos. Si los miras desde la estrella polar, peonzas bailando en el sentido de las agujas del reloj. Todo esto hace pensar a los científicos que el sistema tiene un origen único… ¿Pero había alguien allí para observarlo?

Las mareas son realmente olas gigantes y bajitas, muy amplias pero que apenas levantan un metro. Olas que giran constantemente, una sigue a La Luna y otra sigue al Sol, una se escapa de la Luna y otra se escapa del Sol. Cuando sometes a una esfera a un campo gravitatorio intenso, esta fuerza tira más de la parte que está más próxima, y menos de la que está más lejana. La esfera se convierte en una pelota de rugby, más alargada cuanto más intenso es el campo y cuanto más “blanda” es la esfera. Más alargada en una esfera de agua que en una de roca. Este es el origen de las mareas, la diferencia de plasticidad entre las rocas de la corteza terrestre y el agua de los océanos…

Una ola que se mueve rápido, recorriendo cerca de cuarenta mil quilómetros al día. Una onda estacionaria que mira haca la Luna y su Antípoda. Esto es la marea. La Tierra gira, pero la onda busca siempre a su guijarro. Lo desea.

EL sistema solar no es realmente plano. ¡Sorpresa! Dijimos que todos los guijarros eran peonzas rodando sobre una mesa. Como esas peonzas, con el tiempo se cansan un poco y los ejes comienzan a tumbarse. Los ejes de giro no coinciden exactamente, aunque sean sensiblemente paralelos. ¿Esto importa?

Si.

Las estaciones se deben a que el eje de la Tierra no coincide con el del Sol. EL Plano que forman nuestros dos guijarros siameses también es diferente.

Existen dos mareas, ondas que se interfieren, cada mes. Una mira al Sol, otra a la Luna. Con periodicidad mensual, las mareas lunares amplifican y amortiguan su intensidad por duplicado. En La Coruña, cuando los dos astros se alinean, las mareas vivas alcanzan los cuatro metros de amplitud. Cuando el Sol y su espejo se conjugan, las mareas muertas apenas levantan ochenta centímetros.

Existe otro ciclo, esta vez anual. Si el sistema solar fuera plano, todos los meses serían iguales. Si el sistema fuera plano, las mareas vivas serían siempre iguales. Como no lo es, como el Sol cruza el ecuador dos veces por año, las mareas vivas y muertas siguen también un ciclo estacional. La seca de septiembre, y la de marzo, son las mayores del año. En verano y primavera las vivas son mayores con luna nueva. En otoño e invierno, las vivas se amplifican cuando los guijarros se oponen.

Pero las peonzas bailan. Sus ejes no se están quietos. Giran como una moneda, avanzando sobre su propio giro. La órbita de la Luna no es plana, pues su eje avanza de esta manera. Es un movimiento complejo, pero cíclico. Los egipcios ya lo conocían, allá por el año cero. Es el período Saros, el tiempo que tarda la serie de los eclipses en repetirse con total exactitud. Doscientas veintitrés lunas, dieciocho años. Ni que decir tiene que las mareas, en sus vaivenes diarios, en sus ciclos mensuales y estacionales, también se repiten con exactitud al compás de este baile de los objetos del cielo…

Somos objetos, somos cosas. Pero miramos al cielo. La fuerza de la gravedad nos hace bailar al compás de guijarros que están muy lejos, pero que son muy grandes, inmensamente grandes… Nos viene la regla, nos duele la cabeza, nos aprieta el alma. Pero nos levantamos, y miramos al cielo. ¡Aquí estoy yo!¡Aquí estoy yo!

Un mono sobre sus patas traseras, que mira al mar mientras el viento le azota en la cara…

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3 comentarios el “guijarros en el mar

  1. jose antonio
    15 de octubre de 2009

    flipo con lo que sabes y cómo lo explicas.felicitaciones!es un placer leerte!un abrazo

  2. Anonymous
    22 de octubre de 2009

    Muy bueno, Moncho. Muy interesante.Perdona que no comente ultimamente pero es que, por suerte o por desgracia, no paro de trabajar…Forgo

  3. moncho
    22 de octubre de 2009

    Gracias, sois los mejores.

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Esta entrada fue publicada en 14 de octubre de 2009 por en Sin categoría y etiquetada con , .
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