¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

nacional seis

Jueves por la tarde, voy conduciendo por la nacional seis en dirección a Madrid. El sol se pone a mis espaldas.

Cuando cruzo por el puerto del Manzanal, entro en la ladera en sombra. Por un momento, pienso que se ha hecho la noche, y los taludes rojos de la carretera casi se confunden con el verde de los matorrales. Pero un poco más adelante, entre dos colinas, una vista fugaz del páramo leonés completamente iluminado.

Recuerdo a Galileo, y su mensajero de las estrellas. Descubrir que en la Luna había montañas y valles, por las sombras que dejaban en el suelo, cerca del límite entre la luz y la oscuridad. Descubrir los satélites de Júpiter. Descubrir, al fin, que el universo no gira alrededor de la Tierra, que somos uno más entre los infinitos astros. Guijarros que caen al vacío, como diría Nacho Vegas.

Sólo entonces la descubro, aún pegada al horizonte. Su palidez extrema hace que apenas se distinga de las nubes lejanas, horizontales, que la envuelven, pero aquellas no acostumbran a dibujar en el cielo un círculo perfecto. Bienvenida, señora.

En la radio del coche suena el cd de Mick Jagger. Use me. Algo más tarde sonarán evening gown y hang on to me tonight, mi favorita.

Conforme voy bajando el puerto, al final la carretera se hace horizontal y salimos de la sombra. Los taludes rojos, de arcilla, sangre y hierro, me recuerdan a la tierra de Nájera. Poco a poco van dejando paso a los colores de Astorga. El verde de las retamas y el amarillo del trigo, de la tierra y de los matorrales agostados en este comenzar de septiembre. El cielo aún de azul claro, nos sigue una nube cercana, algodonosa, la única en muchos quilómetros. De color gris oscuro, pardo quizás, en sus bordes se reflejan los naranjas y los rosados del atardecer que adivino por el espejo retrovisor.

La autovía se acerca a las murallas de la ciudad. La luna sobre las dos torres de la catedral, tocadas con sus sombreros castellanos, se desembaraza poco a poco de sus velos. Al compás del paisaje baila la danza del vientre para mi. Al pasar por aquí siempre me acuerdo de los Panero, su desencanto y su grandeza miserable. Recuerdo también a otros amigos, pero por razones distintas. Los Alija, por ejemplo. Y otros.

César, ¿dónde estas? Hace tiempo que no sé de ti.

La ciudad queda atrás, y oscurece. El sol debe haberse puesto ya. Tras una curva, la luna se muestra justo enfrente del coche. A cuatro dedos del horizonte, la esfera se recorta sobre el añil oscuro con total nitidez. Siempre me ha dado un poco de miedo su rostro fantasmal, de espectro malo. Hang on to me tonight, a todo trapo.

Una hora más adelante ella sigue allí, un poco más alta, presidiendo la noche. Bob Dylan aúlla como un lobo solitario la balada del señor tamborino. Me pregunto en qué punto de la carretera le pasaré por debajo, dejándola atrás por esta noche.

El tiempo es el camino.

08/09/2009 REEDICIÓN: He añadido una palabra y una canción

MICK JAGGER – HANG ON TO ME TONIGHT

 

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Un comentario el “nacional seis

  1. jose antonio
    7 de septiembre de 2009

    como se nota que disfrutas escribiendo Moncho.y así haciéndonos disfrutar a los que nos gusta esto.muy bonito.saludos.PS: césar, ¿dónde andas? ¿cómo va todo?

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Esta entrada fue publicada en 5 de septiembre de 2009 por en ah qué raro y etiquetada con .
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