¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

energía nuclear razonable

La energía es un concepto difícil de definir. Sabemos que es una magnitud que se conserva, y que tiene que ver con el movimiento. La energía ni se crea ni se destruye, está ahí por siempre y para siempre.

La hay de dos tipos fundamentalmente: cinética y potencial. La energía cinética es la que asociamos a las cosas por razón de su movimiento. Cuando algo se mueve, si medimos su masa y su velocidad sabemos calcularla: a más masa y a más velocidad, más energía cinética.

Ocurre que a veces las cosas que estaban quietas empiezan a moverse, o aquellas que se estaban moviendo cambian de velocidad o de dirección. Entonces decimos que sobre ellas ha actuado una fuerza, y necesitamos otro término de energía para que ésta, en conjunto, se conserve. Se trata de la energía potencial, la energía que asociamos a los campos de fuerza.

Así, si dejamos caer una bola de hierro desde lo alto de la torre de Pissa, como hizo Galileo, vemos cómo aumenta su energía cinética conforme lo hace su velocidad, y decimos que lo hace a costa de su energía potencial, que disminuye con la altura. Al final la bola se para en seco y se produce calor, que no es más que la energía cinética de los átomos.

Para ser precisos, en realidad no somos capaces de medir ninguno de estos dos tipos de energía de forma absoluta. Tanto el movimiento de las cosas como el potencial de los campos de fuerza son relativos, y de forma estricta sólo somos capaces de medir diferencias. Reconocemos la energía sólo por sus efectos, los más conocidos son el trabajo y el calor.

Este es el panorama general: tenemos energía asociada al movimiento y energía asociada a las fuerzas. Según los físicos existen en la naturaleza cuatro tipos de fuerza: la gravitación, el electromagnetismo, la interacción nuclear débil y la interacción nuclear fuerte. Para obtener trabajo, que al final es lo que nos interesa, tenemos que conseguir que éstas últimas produzcan algún tipo de movimiento del que podamos sacar beneficio.

La industria humana ha aprendido a obtener beneficio de estos cuatro potenciales. El gravitatorio en las presas hidráulicas, el electromagnético en las baterías, también al quemar combustibles fósiles, pues la química se explica por la electricidad a nivel atómico, y al aprovechar la radiación solar.

La energía eólica participa, por ejemplo, de los cuatro, pues su fuente originaria es el sol, que irradia calor gracias a las reacciones nucleares de su interior. Éstas se producen debido a las presiones extremas que en su centro produce el campo gravitatorio de la estrella. Después, esta energía viaja por el espacio en forma de radiación electromagnética, que al incidir en nuestro planeta produce de nuevo calor. Las masas de aire se dilatan y ascienden, debido al gradiente de potencial gravitatorio de nuestro planeta. Esto produce bajas presiones, que originan grandes remolinos de aire y se forma el viento, que es lo que aprovechamos para mover turbinas que de nuevo producen electricidad…

Lo que entendemos actualmente por energía nuclear se obtiene a partir del potencial de la interacción débil. Esta fuerza actúa sólo a muy cortas distancias, que son comparables al tamaño de las partículas subatómicas denominadas neutrones. Ocurre que los núcleos de algunos átomos son inestables, ya que existe una probabilidad alta de que en su interior un neutrón se desintegre, produciendo como resultado un protón, y un electrón. Esto suele acarrear la destrucción del núcleo, que se suele dividir en dos o más partes. Además de esto, se liberan partículas muy energéticas en forma de radiación (neutrinos, fotones de alta energía y a veces fragmentos del núcleo también a muy altas energías), proceso que se conoce con el nombre de radiactividad.

El secreto de esta forma de energía, que a sus descubridores les pareció en su momento una fuente inagotable, es que en las desintegraciones de los neutrones desaparece un poco de masa. Los productos de la desintegración son un poco más ligeros que las partículas originales. Esta masa se transforma en energía cinética según la famosa ecuación de Einstein e=mc2. Como consecuencia de ello, la energía de las radiaciones emitidas es muy grande, y la rentabilidad energética del material empleado no tiene igual en la industria humana actual. Esto tiene su contrapartida: una pequeña bomba, que cabe en un avión, puede destruir una ciudad entera.

Lo que he querido decir con todo esto, es que al final, la energía, de la que nos aprovechamos los humanos, siempre se trata de lo mismo: pequeñas partículas de materia que se mueven a mucha velocidad. Sea cual sea el potencial del que proviene, lo domamos, lo empaquetamos y lo transportamos por la red eléctrica hasta el lugar donde se necesita. La energía nuclear no es una excepción.

La radiactividad no es algo mágico, capaz de producir las más extrañas pestes, cual hechizo de meiga. Son partículas muy pequeñas que se mueven a mucha velocidad, nada más. Es fácil adivinar lo que le pasa a nuestras células si están expuestas a este tipo de radiación, pero tampoco nos gustaría caernos en las turbinas de una presa, ni cenar dentro del horno de una central térmica. Tampoco metemos los dedos en el enchufe, y lo tenemos bien cerca.

Los científicos conocen, aproximadamente desde el año en que nací yo, la existencia en nuestro planeta de un reactor nuclear totalmente natural, el reactor de Oklo, en Gabón. Estuvo en funcionamiento durante cientos de miles de años, gracias al uranio presente en la tierra, a unas bacterias que lo acumulaban, y a una corriente de agua subterránea. Las bacterias sobrevivieron allí durante todo ese tiempo.

James Lovelock, conocido científico ecologista, sostiene que la radiactividad no es en realidad muy dañina para los seres vivos, y que sus efectos en nuestros tejidos son similares a los producidos por el oxígeno que respiramos, el cual es precisamente nuestra principal fuente de energía. Con todo esto pretende desmitificar un poco la energía nuclear, que tiene un aura ciertamente funesta, y que no parece que se corresponda con la realidad.

El problema de los residuos tampoco me parece tan grave. Los residuos son radiactivos, pero no lo son más que el uranio o el plutonio que hemos sacado de la tierra, y la cantidad producida tampoco es mayor. Según el paradigma actual del cambio climático, el CO2, gas residual producido por la quema de combustibles fósiles, sería mucho más nocivo.

En fin, allá donde haya energía incontrolada será mejor no acercarse mucho, pero desde hace ya casi tres siglos nuestra sociedad avanza hacia el control industrial de las fuentes de energía, lo que nos reporta enormes beneficios que no hace falta enumerar. La tecnología nos permite cada vez más controlar los riesgos, mejorar los rendimientos y aprovechar su poder para cambiar las cosas. La fuerza nuclear débil es extraordinariamente eficiente, al transformar la masa en energía, y no la podemos desaprovechar. ¿O si?

Enlaces:
Artículo de Lovelock para The Independent, reproducido por El País, a favor de la energía nuclear.
100 Imágenes de Hiroshima, la devastación de la energía incontrolada
Vídeo: Fragmento de una entrevista de Eduard Punset a James Lovelock, en el que creo que se demuestra que es un auténtico ecologista.

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5 comentarios el “energía nuclear razonable

  1. Gatopardo
    13 de junio de 2009

    Es decir, que cuando tocaron el pito los lobbys empresariales que se lucran con las nucleares (Carlos Slim y el capital blanqueado de los narcos, Prodi y la camorra siciliana, Putin y la mafia rusa, y su representante in itinere Felipe González, no hace ni cinco años, y ya se considera que demostrar que la energía nuclear no es peligrosa es ecologista y conservacionista y te hace formar parte de la élite.Y con el mismo argumento por lo que aquel valiente no le temía a las balas: porque si no alcanzan velocidad no son letales.No, no es razonable que defiendas los intereses de las compañías eléctricas que han venido ocultando incidentes graves de seguridad en las centrales nucleares, y que han descubierto en la fragilidad moral de los políticos y su codicia.El 99% de cada generación, al llegar a los treinta años, acaba calcando las razones de sus padres en contra del futuro de sus hijos.

  2. moncho
    13 de junio de 2009

    Precisamente fue al descubrir por casualidad que había sido víctima de uno de esos incidentes graves, y que no le había causado ningún problema, que el ecologista Lovelock cambió su idea acerca de la energía nuclear. Está escrito en su libro "Las Edades de Gaia".En cuanto a lo de Felipe González, Carlos Slim, Prodi y etc.. la verdad es que no me siento concernido por lo que esta gente pueda pensar, más bien me importa un rábano.Coincido contigo en que es demasiado descarado su interés en este tema, incluyendo en ello a nuestro ministro de industria, que claramente forma parte de su grupo de presión. Tampoco me parece una casualidad que, precisamente ahora, El Pais publique el artículo que Lovelock escribió hace ya mucho tiempo. Pero te aseguro que a mi no me van a pagar un duro por pensar como lo hago, y a Lovelock tampoco. Así que digo lo que pienso.Tampoco es una solución quemar carbón y petróleo, y desgraciadamente las energías alternativas aún no dan para mucho. Y un apagón energético sería mucho más terrible que cualquier accidente en una central nuclear. Sencillamente, necesitamos la energía para vivir.

  3. Gatopardo
    14 de junio de 2009

    ¡Virgen santa qué muestrario de banalidad, falta de criterio y de honestidad intelectual…No pierdo más el tiempo tratando de polemizar contigo.

  4. moncho
    15 de junio de 2009

    Gracias gato, esperaba tu mala leche. No cambies

  5. Anonymous
    15 de junio de 2009

    Gatopardo, hombre, no te pongas así…Energía nuclear, SI. Seguridad, TAMBIEN.(el rollo de nucleares, NO GRACIAS ya no vende…)Forgo.

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Esta entrada fue publicada en 12 de junio de 2009 por en Sin categoría y etiquetada con .
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