¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

California


Este jueves volví a pisar la acera de mi manzana, esa donde habité unos catorce años hasta que mis padres decidieron irse a vivir al campo. Para quien conozca La Coruña, es precisamente aquella que se encuentra justo entre la Plaza de Orense y la de Vigo, frente a la entrada del puerto. Eran las doce de la mañana, y acudía yo a una oficina de un seguro médico a arreglar un problemilla, cuando los vi. Era un grupo numeroso de hombres desaliñados, que salían del bar Carabel en actitud de no tener nada que hacer, con las manos en los bolsillos y sin el menor atisbo de prisa. La imagen me trajo recuerdos…

El bar Carabel lleva en mi manzana desde que yo la recuerdo. Es un sitio pequeño, extremadamente discreto, que permanece abierto todas las noches como la cantina del tango porque es un bar de pescadores. Los había visto de madrugada, en las raras ocasiones en que pasaba por allí a esas horas, pero nunca a las doce de la mañana. Me sorprendió, y enseguida vinieron a mi memoria los tiempos de California, aquella sala de máquinas que había un poco más allá, dando a la plaza de Orense. Era el templo del ocio de mi barrio, y aún recuerdo a mis primos allí jugando al Comecocos, al billar y al Super Mario Bros. Junto al California había un pasadizo para cruzar hasta Federico Tapia. Cada vez que los pipiolos pasábamos por allí, a la hora que fuese, nos atracaban para quitarnos las monedas que íbamos a gastar en la tienda de golosinas que estaba un poco más arriba.

En el pasadizo de California hubo peleas memorables. Al hermano de uno de mi colegio le clavaron una navaja, parece que él se defendía con un bate de billar. Era un tiempo de gente ociosa por las calles, de buscarse la vida, y también de drogas desconocidas, de yonquis, de crisis y de nuevas libertades que los de mi edad no llegamos ni a oler. Yo sólo recuerdo el miedo cada vez que pasaba por cerca del callejón. Se estaba mejor en casa. Pero me gustó recordarlo, aunque lo hice con preocupación.

Al día siguiente salí del trabajo a tomarme un café, a media mañana. El bar estaba lleno de la misma gente que había visto el día anterior, obreros con el mono sucio, que leían el periódico y se tomaban un cafelito. Cuando salí del local nadie se había movido, todos siguieron ocupando el mismo sitio de antes, como si el paso del tiempo no les preocupase ni lo más mínimo. Nunca antes los había visto allí.

Todo esto coincidió en el tiempo con el debate sobre el estado de la nación, espectáculo que consiste en que unas trescientas personas, escogidas de entre los más privilegiados del país, se reúnen en un salón de plenos para tirarse los trastos a la cabeza, preocupados únicamente de un detalle: ¿quién ganará al final? Parece que nadie les haya explicado que en el pasadizo de California podías ganar una pelea, pero todos estábamos perdidos.

Mientras tanto, las calles se llenan de monos sucios y manos en los bolsillos.

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2 comentarios el “California

  1. er jose
    18 de mayo de 2009

    qué triste!

  2. Anonymous
    18 de mayo de 2009

    Si que daba miedo el tunel aquel, si..Forgo

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Esta entrada fue publicada en 16 de mayo de 2009 por en Sin categoría y etiquetada con , .
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