¡ah, qué raro!

…ideas como liebres…

poe

Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar, habitó el rey de los poetas. Muy temprano quedó huérfano, y la caridad le llevó a la casa de un rico armador del sur. Desde los tres años fue criado por su madre adoptiva, y por las nodrizas negras, que le contaban historias y le cantaban sus ritmos. Edgar debió vivir algo parecido a la felicidad.

Al llegar la hora, su padrastro decidió enviarle a estudiar leyes. Edgar se dedicó a otras cosas, y le echaron de la universidad. Los dos hombres chocaron, y Edgar se marchó de casa, sólo y sin dinero. Embarcó hacia el norte, y se perdió durante dos años. No se sabe nada a ciencia cierta de esa época oscura, hay quien dice que se alistó en el ejército, incluso hay quien asegura que se hizo pirata, tripulante en el barco de Benito de Soto.

Reapareció en casa de su tía Clem, que ejerció como su verdadera madre. Vivían en una situación muy parecida a la miseria, pero allí Edgar podía dedicarse a escribir. Junto a ellos vivía su primita Virginia, doce años más joven que él. Edgar escribía cuentos para mantener a su familia, mientras soñaba con publicar sus poemas. Y tomó la decisión de casarse con su pequeña prima “Sis”.

Nadie, salvo Clem, comprendió aquella boda. La niña era una de esas personas que jamás podrían ser mayores, pues su mente no podía evolucionar.

Cuando fue evidente que su carrera literaria requería nuevos aires, Edgar se fue de nuevo hacia el norte, a la ciudad. Allí alcanzó cierto éxito con sus cuentos. Toda revista en la que publicaba se convertía en oro, pero su carácter y su afición a la bebida rompían después todo lo conseguido. El triunfo final nunca llegó, aunque consiguió enviar el dinero suficiente para que su mujer y su tía se construyeran una casa digna.

Un día recibió la noticia de que Sis había muerto. Lleno de dolor escribió un poema que empezaba así:

“Hace mucos, muchos años, en un reino junto al mar,
habitó una señorita cuyo nombre era Annabel Lee,…”

Un tiempo después emprendió el camino de regreso a casa, pero estaba escrito que nunca más llegase hasta allí.

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Esta entrada fue publicada en 23 de abril de 2009 por en Sin categoría y etiquetada con .
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